HOY VOTARÍA “SI” CON MAYOR RAZÓN

Octubre 10 18:34 2018

Voy a elegir el que es, en apariencia, el “peor caso” contra el Gobierno Militar y basado en él voy a probar que era mejor votar “Sí” en 1988 y que, si las circunstancias se repitieran, sería la mejor opción también hoy.

Veamos el “caso degollados”, de 1985. Carabineros dieron muerte ilegalmente a tres dirigentes comunistas del grupo guerrillero FPMR, a pocos días de que un atentado explosivo de éste asesinara efectivos uniformados mediante una trampa explosiva colocada en el Hotel Araucano de Concepción.

¿Dónde fueron capturados esos jefes comunistas antes de ser degollados? En el “Colegio Latinoamericano de Integración”. ¿Qué era ese colegio? Una institución formada al amparo de la libertad educacional establecida bajo el gobierno electo y constitucional de Pinochet (1981-1989). No hay mejor garantía de libertad política que la libertad económica. Y los comunistas podían fundar colegios propios bajo la que hoy llaman “dictadura”. Con razón Milton Friedman, en un video de los años 80, elogiaba a ese régimen por dar libertad “desde la base (el mercado) hacia arriba”. ¿Qué mejor elogio para una política educacional que posibilitar el pluralismo dentro de la libertad y sin discriminaciones?.

Sigamos con “los degollados”: uno de ellos, José Manuel Parada, era el jefe del archivo de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado. ¿Qué hacía ahí un jefe comunista? Ahí está toda la historia del Chile de entonces. Lo que hacía era amparar a los terroristas y reclutar nuevos militantes para el FPMR. Así lo relató en 1986 uno de ellos, Alfredo Malbrich Labra, preso tras desórdenes callejeros, liberado tras un recurso de amparo (pero ¿no dicen que los tribunales no acogían los recursos de amparo en ese tiempo? Otra falsedad). Fue a agradecer a la Vicaría y ahí Parada lo reclutó para el Frente, al cual sirvió muy bien ayudando a desembarcar armas cubanas en Carrizal Bajo en 1986. ¡Gracias, Santa Madre Iglesia Chilena!

¿Por qué no triunfó la revolución comunista armada? Porque había un gobierno firme para reprimirla y que no se dejaba amedrentar, pese a las deserciones internas (primero de la DC, que después de implorar el golpe se pasó a la oposición cuando este no le traspasó el gobierno y ejecutó un programa de derecha; después los derechistas “blandos”, que temían a la plena democracia que vendría porque ahí la izquierda les pediría cuentas: “nos van a colgar a todos”, me decía uno en los 80; hay que “buscar una cancha de aterrizaje para cuando se vayan los militares”, decían ex parlamentarios del Partido Nacional pasados al otro bando).

Y también hoy votaría con mayor razón “Sí” porque Pinochet mantuvo la paz tanto en nuestras fronteras como en la Araucanía. Dio miles de títulos de dominio a la etnia mapuche sin necesidad de premiar a los que se tomaban fundos por la fuerza, como ocurre hoy bajo la nefasta Ley Aylwin, digna sucesora de la conocida con el mismo nombre y dictada durante la reforma agraria de los 60 y que permitía al Estado tomar posesión de los fundos sin pago.

Por algo en La Araucanìa y en Los Lagos ganó el “Sí” en 1988. Y en Aysén estuvo a cinco votos de superar al “No”. Allá se extendía la “Carretera Presidente Pinochet”,  ahora ya cambiada de nombre, por supuesto.

Hoy votaría “Sí” con mayor razón porque entonces había un gobierno más probo que los posteriores. En su persecución post-90 contra Pinochet, el Director socialista de Impuestos Internos examinó los ingresos y gastos del Presidente (nótese que el fallo de La Haya lo menciona como tal) entre 1973 y 1990 y determinó que en esos casi 17 años había apenas 544 mil dólares sin explicar. Los gobernantes posteriores se “llevaban para la casa” esa suma, en “sobres con billetes” de gastos reservados, ¡cada dos meses! Eso lo acredité judicialmente cuando fui llamado a explicarlo por un tribunal. “Fue una corruptela”, admitió don Patricio sonriente, a “El Mercurio”. Pero también se llevaba el sobre suyo.

El hoy Presidente de la República, Sebastián Piñera, eminentemente dedicado a promover su propia imagen, viaja a Antofagasta en un cuadrirreactor de la Fuerza Aérea para aparecer ante las cámaras allá blandiendo una bandera chilena, diciendo cuatro palabras plenas de lugares comunes sobre el fallo de La Haya y después volver inmediatamente para no perderse los reflectores santiaguinos y así seguir ocupando el centro de la escena después de almuerzo. Sospecho que ese solo vuelo propagandístico de ida y vuelta le cuesta al erario más de 544 mil dólares.

Chile bajo la presidencia de Pinochet crecía 5,6 % en 1986, 6,5 % en 1987, 7,3 % en 1988 y 10,6% en 1989. Hoy nos damos a santo si llegamos al 4 %. Habíamos sido el primer país en salir de la crisis de la deuda. Se hablaba del “milagro chileno” y del “jaguar de Sudamérica”.

Ningún otro país era tan vigilado en el tema de los derechos humanos, lo que era una garantía de respeto a los mismos. Tal como la DC y parte de la derecha internas, los Estados Unidos y Europa occidental bailaban al son de la propaganda del KGB y sancionaban al gobierno de Pinochet con la “enmienda Kennedy” o la retención de motores de aviones en Gran Bretaña, en plenos desafíos bélicos vecinales contra Chile. Pinochet se sobreponía a todo eso. El “New York Times” publicaba 66 editoriales contra el gobierno militar chileno acosado por el terrorismo comunista, lo que provocó 3 mil muertes en 16 años, mientras publicaba apenas tres editoriales contra el gobierno rojo de Camboya, donde había millones de muertos por la represión comunista. Así es la “prensa libre occidental”, en cuyos brazos llegó al poder Fidel Castro en 1959 y del cual nunca se fue.

“La Tercera” informó recientemente que el 43 % que votó “Sí” en 1988 hoy se ha reducido al 30 %. Notable que se haya reducido tan poco bajo la “dictadura del ‘No'” imperante desde 1990, que nos ha sujetado a un lavado cerebral intenso (tanto que Piñera pidió la renuncia al director del Museo Histórico por el “delito” de citar una frase de Pinochet y mostrar su efigie en una exposición).

Sorprendente 30 % que no ha perdido la memoria. Seguramente afincado en las poblaciones populares donde, hasta 1990, se reprimía a la delincuencia y a la droga con firmeza; y también en la gente del Sur que añora los tiempos en que allá reinaban la paz y el progreso y en que los mapuches condecoraban al gobernante en lugar de quemar gente dentro de sus casas, camiones, maquinaria y templos religiosos.

El “Sí” ganaba a fines de 1987, pero el veredicto mayoritario cambió gracias al enorme flujo de dinero del “National Endowment for Democracy” norteamericano y los millonarios subsidios europeos para una mayoría de medios escritos adversos al gobierno que subsistían gracias a la libertad de prensa imperante (si bien en cada año la Sociedad Interamericana de Prensa sostenía que no la había, contra la opinión que yo expresaba solitariamente en sus reuniones, blandiendo ante ella el manojo de revistas opositoras conteniendo las peores críticas al gobierno).

Sí, yo volvería a votar “Sí”, y con el mismo argumento que el historiador británico Paul Johnson usó para proclamar a Pinochet como un “héroe”, en su libro histórico “Héroes”: “porque yo conozco los hechos”.

Hermógenes Pérez de Arce

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Carlos Cren
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