¿Tiempo de terminar con el SMO?

Abril 14 10:59 2019

Por Roberto Hernández Maturana

El robo de dos fusiles de guerra a dos soldados conscriptos que cuando hacían guardia en el Regimiento Chacabuco de Concepción, y que finalmente de víctimas pasaron a cómplices, es un tema que no debería dejarnos indiferentes, al menos a quienes vestimos alguna vez el uniforme militar y lógicamente a quienes aún lo visten y mucho… mucho menos a las autoridades del gobierno.

Una de las armas sustraídas  un fusil SIG 542 calibre 7.62mm, fue encontrada por Carabineros al interior de una vivienda de Concepción, habitada por otro soldado conscripto denunciado como desertor.

Los dos centinelas quedaron a disposición de la Fiscalía Militar, mientras que el tercero pasará a manos del Ministerio Público.

El Servicio Militar Obligatorio (SMO) en Chile fue reformado el año 2005, se implementó la inscripción automática en los registros militares, estableciendo la voluntariedad como la modalidad primaria en el proceso de selección y la obligatoriedad, sólo en subsidio, cuando el contingente requerido por las Fuerzas Armadas no alcanzara a ser completado con los reclutas voluntarios. Se creó así la figura del sorteo inspirado en el modelo español, según este modelo los cupos se llenaría voluntariamente y en caso que quedasen cupos sin llenar estos se completarían mediante un sorteo público y en igualdad de condiciones de manera de evitar discriminación por origen social, se pretendía con ello garantizar un procedimiento de reclutamiento y “selección transparente e igualitario”. Además, los “avances” incluían un conjunto de medidas de incentivo y compensación a los jóvenes que realizarían el SMO., para aumentar el número de quienes se presentaran como voluntarios. Por ejemplo, se incrementó la asignación mensual de los soldados conscriptos y se les abrió la posibilidad de completar sus estudios básicos y medios. También podrían seguir programas de capacitación a través del SENCE, además de cursos de idiomas.

Sin embargo, aun cuando se esbozó, nunca se discutió lo mas importante para las definiciones acerca del tipo de defensa que el país necesitaba… ¿profesional?… ¿mixta?… ¿milicia voluntaria?

Una vez más se quitó el bulto a lo esencial, como hoy se sigue haciendo…, se optó por algo típicamente chileno… ni fú, ni fá…  La idea de reducir la conscripción era “aumentar la voluntariedad” y tender a la profesionalización con un “mejor entrenamiento”.

El primer objetivo “aumentar la voluntariedad” se ha ido desdibujando en el tiempo, siendo cada vez más difícil completar las “cuotas” necesarias y requeridas por las instituciones de la defensa, especialmente el Ejército. El segundo objetivo “mejor entrenamiento” queremos creer que se está cumpliendo… esperemos que así sea.

Pero el Escalón político nuevamente demuestra su torpeza e inoperancia frente a su relación con el mundo militar. Así, buscando aprovechar las capacidades de las instituciones armadas le asigna tareas cada vez más ajenas a su función de defensa como por ejemplo vacunación ciudadana, combate a mosquitos… etc.

En cuanto al SMO, el tema es profundo… Siempre se buscó la “compensación social” para que el SMO fuera funcional a las necesidades especialmente de las clases sociales más vulnerables que era desde donde mayoritariamente provenían quienes finalmente eran llamados a cumplir con esta ley…, el resto sencillamente “se lo sacaba”, no por una discriminación hecha por las instituciones armadas, si no por las presiones de todo tipo de políticos y autoridades que aparecían para influir en “sacarle el servicio” a alguno de sus conocidos o recomendados, amén de todo tipo de excepciones que se fueron agregando en el camino, para que estudiantes de educación superior, o en último año de enseñanza media, o quienes mantenían su hogar, o hijos de madres viudas no fueran llamadas a cumplir con esta ley.

El Ejército hasta finales década 80 además de sus misiones constitucionales, realizaba una labor social. El conscripto completaba estudios, aprendía a leer, lograba un oficio, y muchas veces el capote (abrigo) o las botas que se ponían era el único que habían tenido en su vida y tenía asegurada cuatro comidas al día.

De esta forma, las instituciones de la defensa cumplieron un “rol social” en campañas de alfabetización hoy superadas por la modernidad, en capacitaciones laborales, y en formación cívica… Sin embargo hoy cada vez la voluntariedad es menor y cada vez es mayor el número de jóvenes con graves carencias, o provenientes de poblaciones donde impera el narcotráfico y la delincuencia que constituyen la base del SMO, donde los instituciones que los reciben den hacerse cargo de sus problemas además de apoyarlos en las “obligaciones cívicas” que les imponen, y en donde en muchos casos los conscriptos acuartelados por “obligatoriedad en subsidio”, “no están ni ahí” y solo esperan el tiempo (y a veces no lo esperan) para salir de esa obligación.

Todo eso hoy no se justifica; ya no se puede tener a un joven dos años acuartelado contra su voluntad. El estado debe asumir decisiones al respecto… no las FF.AA.

Las FF.AA. no pueden continuar recibiendo en sus filas personas con graves problemas sociales y cargados de problemas de convivencia social, familiar y personales, con familias disfuncionales, etc. Ayer por cada 100 Conscriptos que ingresaban al SMO 10 traían graves problemas sociales, mentales y/o derechamente vinculados con la delincuencia.

Hoy, la evidencia empírica nos dice que por cada 100 Conscriptos que ingresan al SMO, más del 25% (y quizás me quedo bastante corto) presentan problemas tales que no deberían integrar el SMO, pero que se han presentado como voluntarios, o ha sido “sorteados” para hacer el servicio en forma obligatoria.

Esas personas finalmente vuelven a su entorno violento o carenciado, con instrucción en el uso de armas y preparación militar básica que ciertamente interesará a las bandas organizadas en las poblaciones para delinquir, incluso ahora proveyéndose de armas.

Es tiempo de que el Estado termine con esta carga que le impone a las FF.AA. El deber de estas es la defensa y el Estado debería hacerse cargo (si puede…, de entregar “civilización”), aunque  en  estos días parece superado e incapaz de adoptar las medidas pertinentes para combatir la delincuencia y el terrorismo que asoma en el horizonte.

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Carlos Cren
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